Una de Lorenzo Palacios, “Chacalón”

ImagenSoy fan de Chacalón, aunque Ernesto Solaz me lleva sobrada ventaja (visiten su blog dedicado a Lorenzo Palacios: http://el-blog-de-ernestoide-4.blogspot.it/2012/02/cassettes-de-chacalon.html). Y es que Papá Chacalón nos hizo conscientes de que el Perú “de todas las sangres” era, y lamentablemente sigue siendo, una darwiniana lucha por la sobrevivencia, un “locus horridus” cuyo pandemonium se llama Lima…

                  busco un nuevo camino en esta ciudad
donde todo es dinero y hay maldad

(Letra de “Soy provinciano”)

… en oposición al “locus amoenus” que alguna vez fue la capital:

Déjame que te cuente, limeño
déjame que te diga la gloria
del ensueño que evoca la memoria (…)

(Letra de “La flor de la canela” de Chabuca Granda)

….o el pueblo donde nació:

Yo nací en un pueblito /en un pueblito chiquito /lo rodeaban muchos cerros /                                                   y tan solo un caminito

(Letra de “Mi pueblito”)

Claro está que Chacalón no es el primero en testificar tan cruda realidad. La generación del 50 se encargó de mostrarnos la faz oscura del maremagnum capitalino: Carlos Germán Belli nombra a Lima como “la Bética no bella”; Salazar Bondy fue más duro y la calificó como “la horrible”; Vargas Llosa, a través de Zavalita, se pregunta en qué momento nuestro país se jodió; Julio Ramón Ribeyro nos lanza un consejo en su cuento “Alienación”:

La vida se encargó de enseñarle que si quería triunfar en una ciudad colonial más valía saltar las etapas intermediarias y ser antes que un blanquito de acá un gringo de allá.

Lima es el escenario perfecto del darwinismo social y las fracturas sociales en el Perú, temas que marcan nuestra literatura y nuestra música desde siempre; estas mismas motivaciones impresas en sus novelas le valieron el Nobel a Vargas Llosa:

“por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual”

(Peter Englund, Secretario de la Academia sueca)

Si bien no ganó ningún premio ni fue considerado dentro de la “alta cultura peruana”,  la fraternal música de Lorenzo Palacios Quispe nos recuerda que la lucha continúa entre cervezas, lágrimas y pobreza… A ti, con cariño, Papá Chacalón.

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